Presencia humana ancestral, aguas termales, volcanes, bosque mediterráneo y dehesas junto a grandes extensiones de vid, olivo y cereal, castillos y fortalezas que son referentes de nuestra historia, conforman este tramo, también lleno de pasajes cervantinos.
Desde Albacete, el municipio más poblado de Castilla-La Manca, y tras aprovechar en parte la plataforma de la línea férrea Baeza-Utiel, que nunca llegaría a inaugurarse, este itinerario se adentra en las frondosidades de la Sierra De Alcaráz, hasta los límites de Sierra Morena.
Antes de emprender camino, el viajero deberá descubrir alguna de las muchas sorpresas que le aguardan en Albacete, entre las que merecen destacarse la Catedral y el Museo Provincial con importantes secciones de arqueología, etnología, artes decorativas y prehistoria. Resulta imposible hablar de Albacete sin hacerlo del producto más emblemático de su artesanía: los cuchillos, navajas o tijeras que se pueden encontrar en muchos comercios.
Desde aquí, el viajero emprenderá camino a Balazote, que debe su fama internacional al hallazgo en su proximidades de una escultura del arte ibérico, denominada la “Bicha de Balazote” que representa un toro en reposo con cabeza de hombre barbudo y que seguramente formaba parte de la decoración de un templo. Avanzamos rumbo sur por las orillas del río Jardín, atravesando, antes de llegar a Robledo, dos zonas húmedas notables: la laguna de Ojos de Villaverde y la del Arquillo.
En las proximidades de Alcaraz el viajero se encontrará con el Santuario de la Virgen de Cortes, importante centro de peregrinación y su casco urbano, con numerosas muestras arquitectónicas, destacando la iglesia de la Santísima Trinidad, la Plaza Mayor, la Lonja del Corregidor, la Torre del Tardón o la gran calle Mayor, con sus casonas blasonadas. Por último, a través de la Sierra de Alcaráz, llegamos a Bienservida acercando al caminante en su recorrido hasta el balneario de Reolid, a orillas del río Angosillo, muy cerca de la microreserva protegida de la garganta fluvial del Estrecho del Hocino, refugio de la nutria, donde las tranquilas aguas de su balsa, invitan permanentemente al baño.